PB12. Stonks.
Es el mercado, amigo.
Suelo decirle a la gente que acabo de conocer, medio en broma, medio en serio, que el ‘empujoncito’ que mandó cuesta abajo y sin frenos al fútbol europeo fue obra de Manuel Ruiz de Lopera. Así soy yo.
He aquí la premisa:
Si Denílson de Oliveira le costó al Betis 5.000 millones de pesetas en 1998, ¿cómo no iba a costar Zidane casi tres veces más tres años después?
Si ajustamos ambos traspasos a la inflación actual, hoy el paulista hubiera costado 58,6 millones de euros, frente a los 143,5 millones del galo. El listón.
El fútbol está roto. Convertir a Denílson en el fichaje más caro de la historia -hasta la fecha- no podía traer nada bueno. Tres décadas después, bien por ignorancia, bien por autoengaño, seguimos pasando por alto las consecuencias de una falla bien profunda, de alto impacto, originada al final de La Palmera y que se abre sin remedio bajo nuestros pies.
Ahora en serio.
Por todos es sabido que la inmensa mayoría de los fichajes que se hacían entonces, al contrario de lo que ocurre -mayoritariamente- en la actualidad, carecían de un plan de rentabilidad a medio o largo plazo. Ni Lopera ni Florentino esperaban duplicar o triplicar lo invertido en sus estrellas al cabo de los años. ‘Zizou’ llegó al Real Madrid con 29 años y Denílson firmó un contrato de once (!) temporadas con 21.
Uno colgó las botas en el Bernabéu y el otro se fue gratis al séptimo año.
‘Quién la tiene más larga’ como business plan sin fisuras.
Para cuando Monchi hubo puesto en evidencia a media Europa, la distorsión entre el valor y el precio de los futbolistas -que nunca han sido lo mismo- ya era insalvable. Los clubes españoles aprendieron a gestionar mejor sus recursos a base de ‘palos’ (concursos de acreedores, administraciones judiciales…), pero siguen confundiendo un concepto con otro. Le ocurre lo mismo al 95% de los clubes del resto del mundo.
La mera existencia de Transfermarkt no ayuda. Seamos honestos.
Además de mi trabajo en diseño de producto y análisis, colaboro puntualmente como docente y consultor en innovación aplicada al fútbol profesional. Si formas parte de una universidad, un club o una federación y crees que podríamos colaborar, no dudes en escribirme.
‘Stop asking the average person’
Haga una búsqueda en la sección ‘Noticias’ de Google con el concepto ‘valor de mercado’ junto al nombre de algún futbolista con cierto cartel. Me extrañaría que no encontrase alguna(s) pieza(s) de contenido titulada(s) “El valor de mercado de [Fulanito] se desploma en un año” y que contenga la coletilla “según el portal Transfermarkt” en el cuerpo de la misma.
Afirmar que Transfermarkt es la absoluta referencia a nivel global en cuanto a la valoración económica de futbolistas no es ninguna tontería, porque lo es. Ahora profundizaremos al respecto, pero esto se debe más a los deméritos de una industria incapaz de eclipsarla con productos no mucho mejores, pues parten de las propias valoraciones de Transfermarkt, que a los méritos mismos de la conocida web.
A día de hoy, me sigue fascinando que presidentes, CEOs y directores deportivos -no tanto las agencias de representación- sigan mencionando el valor de mercado de un jugador en Transfermarkt como el baremo del que parte su criterio a la hora de establecer un precio de venta o negociar una ampliación de contrato. Especialmente por su funcionamiento.
Para quien no lo sepa, el valor de mercado de Transfermarkt de cada jugador se basa en una estimación colectiva. Ésta se determina a través de las opiniones -recalco, OPINIONES- de los usuarios registrados en sus foros. La existencia de un sistema jerárquico, y no democrático*, implica que el parecer de los usuarios más antiguos tiene un mayor peso en la ‘ponderación’ final. El valor de la ‘experiencia’.
*Spoiler: no sería mejor aun siendo democrático
Una ‘ponderación’ -para nada matemática- que evalúa distintas variables -difícilmente cuantificables, salvo alguna cosa-, desde la edad del jugador y su historial de lesiones hasta lo demandado que está éste en el mercado.
¿Cómo se mide dicha demanda? En base a los muchos o pocos de rumores que impliquen al futbolista en prensa, redes sociales… Fácil.
¿Qué eleva o reduce el valor de mercado del jugador? El contexto competitivo; la liga en la que compite. Pero, y esto es importante, también su potencial. Lógico.
¿Cómo se mide dicho potencial? Tirando unos dados, supongo. Infalible.
Dejemos de preguntarle a la persona promedio qué piensa. ¿Saben lo increíblemente estúpida que es la persona promedio? Aún vendemos botellas de lejía con etiquetas enormes que dicen “No ingerir”. Quitemos esas etiquetas, ¿no? Durante dos años. Después, hagamos un referéndum. - Ricky Gervais
Puertas traseras
Que un grupo de foreros sigan ‘dictando’ el devenir de no pocas operaciones económicas en el ecosistema futbolístico profesional sin una base científica que respalden sus statements me produce urticaria. Lo admito. Le dediqué a este asunto una media hora en mi última visita a mis alumnos del máster en la Universidad Europea de Madrid. Todos sus proyectos finales incluyen scraps de Transfermarkt.
Hará unos cinco o seis años, cuando aún cursaba el Máster en Big Data Deportivo de la UCAM, leí un análisis bastante certero -no recuerdo de quién; no recuerdo dónde- que afirmaba que, en una industria todavía fértil, sin excesivos competidores, aquel que lograse desarrollar un valor de mercado con base científica y que crease consenso se llevaría el gato al agua.
Media década después, y pese a que ha habido muy buenos intentos, el ‘rey’ sigue siendo Transfermarkt. Parte de ‘culpa’ la tiene el propio negocio.
Pocas personas a mi alrededor parecen haberse parado a pensar en los ‘peligros’ que entraña la metodología Transfermarkt. ¿Cuántos usuarios puede registrar una agencia de representación, a fin de cuentas? ¿Cuántas valoraciones de sus clientes pueden ayudar a ‘inflar’ dichos usuarios? Si a eso le unimos las filtraciones para nada interesadas que han hallado en Twitter su propio nicho de mercado… Here we go!
Existen buenos ‘antídotos’. El CIES tiene su propia herramienta de estimación de ‘precio justo’ de futbolistas en 70 ligas de todo el mundo, pero a) es de pago -¿pa’ qué pagar teniendo Transfermarkt gratis?-, b) confunde -de nuevo- el valor de un deportista con el precio que se debería pagar a cambio de sus servicios, y c) infla en exceso las cifras en un mercado global cuyas transacciones van a la baja desde hace tiempo.
En BeSoccer Pro también tenemos nuestro propio valor de mercado. Funciona con independencia, pues el algoritmo no discrimina IDs, pero, al igual que el de CIES, es de pago. Que se limite a señalar si un jugador está infra o sobrevalorado, y no a determinar un precio de venta, que es lo que quiere el ‘pueblo’, tampoco ha ayudado -por ahora; estamos en ello- a que su popularidad se asemeje a la de la web alemana.
De Transfermarkt también se sale, estimado decision-maker. Sólo hay que querer darse cuenta de lo que se esconde tras la interfaz (e invertir también un poco de pasta).



